Sobre Mi

DESPENSA DEL SUMILLER


Este blog es el fruto de muchos años de dedicación a mi gran pasión, el vino y la gastronomía. Tanto mi formación inicial como mi trayectoria profesional han estado centradas en otros ámbitos, pero desde hace años estoy embarcado en una formación más profunda y constante del emocionante mundo de la Sumilleria y la gastronomía.


Mi gran interés por la formación unido a la lectura para aprender a analizar todo lo relacionado con la Sumilleria, me llevan a entender que características marcan la diferencia de cada producto que cato. Todo esto unido a mis conocimientos con la fonación de Sumiller profesional unido a un Master en viticultura y enología por la cámara de comercio de Malaga, Experto universitario en gestión y difusión del patrimonio entorno al vino, por la Universidad de Malaga y Nivel 2 Wine & Spirit Education Trust, ademas de que Actualmente estoy estudiando la cualificación de nivel 3, título indispensable y obligatorio para continuar estudiando en la misma organización y acceder al Master of Wine.

Todo esto me ha motivado a realizar viajes enológicos para conocer prestigiosos viñedos de Europa y grandes zonas enológicas, tanto históricas como emergentes, que elaboran aquellos vinos que más me han emocionado. En concreto, mi pasión por los grandes vinos históricos me ha llevado a ser Formador Homologado del Marco de Jerez, Formador homologado en Cava, Tecnico especialista en vinos y vinagres de Montilla-Moriles,


martes, 3 de julio de 2012

Pétrus, uno de los vinos más míticos y codiciados


Pétrus, uno de los vinos más míticos y codiciados

Publicado  por  en Sin categoría.
Pétrus es quizás el más mítico y codiciado de los grandes vinos del mundo. Este vino de Burdeos se produce en la región de Pomerol, la cual se ubica en el margen derecho del río Gironda y es la única zona en la que nunca se clasificaron los vinos como se hizo en el Médoc. A pesar de que Pétrus no está clasificado como un Grand Cru o un Premier Cru, su fama, prestigio y precio están a la par o por encima de algunos de los otros grandes vinos de Burdeos como Lafite y Latour de la “orilla izquierda” o Angelus y Ausone de la vecina comuna de St. Emilion.
Durante más de 200 años la finca fue propiedad de la familia Arnaud. Después de la Segunda Guerra Mundial fue adquirida por la Sra. Loubat, quien había ido comprándola poco a poco desde 1925. La Sra. Loubat murió en 1961 y el château pasó a ser propiedad de su familia quien, eventualmente la vendió a Jean-Pierre Moueix. Hoy en día los destinos de Pétrus corren a cargo de sus hijos Jean François y Christian. La elaboración del vino correspondió a Jean Claude Berrouet hasta el año 2007 cuando tomó el relevo su hijo Olivier.
Pétrus no es un château en el real sentido de la palabra ya que no hay una bodega como tal. La propiedad fue bautizada en honor de San Pedro en la cual lo más importante es el viñedo. Las viñas se encuentran plantadas en un “plateau” o meseta muy especial donde el suelo es diferente del resto de la región ya que es una arcilla muy rica en hierro. Es un viñedo que apenas ocupa algo más de 11 hectáreas con un 95% de merlot y 5% de Cabernet Franc. Pétrus está elaborado también con una gran mayoría de la uva Merlot a la cual se le añade una proporción pequeña de Cabernet Franc que varía según la añada.
El vino se elabora de una forma de lo más tradicional. Cuando tuve el gran honor de visitar la propiedad junto a Christian Moueix en 2007, me llamaron mucho la atención dos cosas: el viñedo esta cuidado a la perfección, mimado; la fermentación se hace en depósitos de cemento sin recubrir por dentro. Después de la fermentación el vino se envejece en barricas de roble francés nuevo durante unos 20 meses para producir apenas 30,000 botellas.
¿Quién no ha oído hablar de Pétrus? Se ha creado toda una leyenda y un mito alrededor de este gran vino que puede alcanzar fácilmente los 1000 euros en una cosecha reciente y varias decenas de miles en grandes añadas como las del 70, 75, 82, 89, 90, 95 o la impresionante de 2009. Es un vino potente, muy rico en aromas de frutas rojas, denso y goloso pero que en el paladar sorprende por su sedosidad y elegancia. Cuando pruebas Pétrus por primera vez vives toda una experiencia, por la grandeza del vino pero sobre todo por la leyenda que se ha creado en torno a él. Mi primera vez fue en Londres cuando apenas empezaba de forma profesional  en el sector. Era una cata vertical de 12 añadas de este gran vino y dirigida magníficamente por Christian Moueix. Todavía la recuerdo como la cata que más me ha impresionado.

domingo, 1 de julio de 2012

Botella de Chateau d´Yquen valorada en 110.000


Botella de Sauternes de 1806 valorada en 110.000 Euros

Botella de Sauternes de 1806, recuperada tras un singular 'rescate', se vende por 110.000 euros en Cáceres.
Articulo de Francisco Cantalapiedra en EL PAÍS - el 18-12-2004
Pagar 110.000 euros (más de 21 millones de pesetas, IVA incluido) por una botella de vino Chateau d'Yquem de 1806 es algo sorprendente, pero más curioso todavía es que Toño Pérez y José Polo, los dueños de El Atrio, el restaurante cacereño donde se vende, no muestren un interés especial en deshacerse de este raro vino, cuyo precio se ha disparado porque se rompió la botella antes de que pudiera ser ofrecida a sus clientes habituales.
La aventura comenzó en el año 2000, cuando ambos compraron en una subasta celebrada en la prestigiosa casa londinense Christie's, por unos 20.000 euros, esta botella de vino blanco dulce de la denominación de origen Sauternes, ubicada en la zona de Burdeos (Francia). Es un vino con un alto contenido de botrytis, que se consigue utilizando exclusivamente uvas de podredumbre noble maduradas gracias a la mezcla de niebla y sol que se da en la zona. Esta bodega fue siempre propiedad de una noble familia francesa, que acabó vendiéndola al grupo LVMH, formado por grandes firmas de lujo.
Nada más llegar la misma a Cáceres, los dueños del restaurante se dispusieron a colocarla en una caja de madera, momento en el cual se rompió por la zona del final del cuello. La suerte de que estuviera envuelta en papel transparente de cocina impidió que se derramara por completo el contenido, iniciándose una gran operación de salvamento en la que intervinieron desde la casa de subastas londinense hasta el prestigioso enólogo Mariano García, gran patrón de las bodegas Mauro de Valladolid.
Hora y media después de la catástrofe y con la duda de si un vino tan antiguo se muere cuando entra en contacto con el aire, consiguieron hablar con Madame Garbey, la enóloga jefa de la bodega francesa, que les dijo que lo más urgente era trasvasar el contenido a una botella nueva "bien lavada y seca, evitando sobre todo que el vino entrara en contacto con el nuevo tapón".
Al día siguiente los dueños del restaurante El Atrio marcharon a Burdeos, donde la enóloga y sus ayudantes comprobaron que el vino era original y diagnosticaron que estaba en buen estado.
"Fue impresionante", recuerda ahora Toño, "vernos a los dos con la botella en la mano y rodeados de media docena de personas con bata blanca esperándonos en la puerta de la bodega".
La propia señora Garbey se encargó de trasvasar el vino a una botella similar de su propia colección, que, al ser algo mayor que la original, tuvo que ser rellenada con unas perlitas de vidrio que todavía pueden verse en el fondo. Estos cristalitos y una etiqueta firmada por la enóloga asegurando que la botella fue recuperada en la propia bodega el 25 de enero de 2001 la han convertido en un ejemplar único en el mundo. "Todo tiene un precio", señala José Polo, "pero no nos importa quedarnos con ella para siempre, porque es historia, y ahora nuestro restaurante forma parte de ella".

martes, 26 de junio de 2012

Cata con Pancho Campo.




Ayer lunes día 25 con la Asociación de Sumiller Málaga, tuvimos la oportunidad de catar una selección de vinos internacionales elegido por el Prestigioso  Master of Wine Pancho Campo en su The Wine Academy de Marbella.
Los Vinos catados fueron por orden de cata.
1. Sol de Sol 2007 (Malleco) Chile. Chardonay.
2. Chateau du Tertre 2002 (Burdeos) Francia. C. Sauvignon y Merlot.
3. Chateaneuf du Pape Guigal 2003 (Rodano) Francia. Garnacha, Syrah, Mourvedre.
4. Prestige Öküzgözü 2008 Elazig. Turquía. Okuzgozu
5. Grace vineyard Tasya´s Cabernet Sauvignon 2008. (Shanxi) China.
6. Vergelegen 2001 (Stellenbosch) South Africa. Cabernet y Merlot
7. Pujanza norte 2007 (Rioja) España. Tempranillo
8. Mc Guigan G4 2003 (Hunter Valley) Australia. Syrah
9. Geisse Brut 1998 Brazil. Pino Noir, Chardonay.

lunes, 18 de junio de 2012

Cous Cous


Alcuzcuz, cuscus, cuzcuz, cous cous, etc.

Plato tradicional, también llamado cus­cús, de la cocina de África del norte, a base de sémola de trigo duro, y a veces de cebada o de trigo verde (Tunicia).
El alcuzcuz, (sémola), llegó a la península Ibérica a finales del siglo XII, como una variante de la sopa de pan y migas de pan, sobre todo si se tiene en cuenta que el caldo de carne, fue el producto unificador, neutralizando la grasa con el garum o vinagre.
Como la dietética, en la España musulmana, tenía un lugar privilegiado en la vida cotidiana, los frutos representaron la acidez necesitada para el control de las grasas, consecuentemente las manzanas, los membrillos, las granadas y otros, se añadían lo mismo que los vegetales resultando platos de contenido espeso y muchas veces demasiado cocinados.
De esta forma el ALCUZCUZ Y EL PAN RALLADO , tienen su forma tradicional de existencia acogidos en diferentes países, así hoy día en el ANDALUS tiene las MIGAS como un plato clásico, en cambio EL ALCUZCUZ (sémolas) no es representativo de la misma cocina.
El alcuzcuz, representó en el siglo XIII el plato más completo tanto húmedo como seco.
Los franceses descubrieron este manjar en la época de Carlos X, durante la conquista de Argelia. Todavía existen dudas sobre la significación original de la palabra al­cuzcuz, tomada del vocablo berebere “al kuskus”. Según algunos, designa la canti­dad de alimento que un ave coge con su pico y que amasa en minúsculas bolitas para alimentar a sus crías.
León Isnard, que la considera un afrancesamiento de la expresión “rac keskés” (triturar finamen­te) explica que «se trata de una desvia­ción fonética de los términos koskos, keus­cas, koskosú y kuskús, empleados en dife­rentes regiones de África para designar un recipiente de arcilla o de esparto provisto de agujeros, que se adapta a la boca de la marmita que contiene agua y caldo; recipiente en el cual se mete la sémola para ser cocida al vapor. Ese nombre ha sido dado después a la prepa­ración hecha en esa vasija.» Otros prefie­ren ver en el vocablo alcuzcuz, cuscus o kuskusús (apelación esta última rechaza­da por los arabistas, según dice el diccio­nario Littré) «una onomatopeya cuyas letras y sílabas no tienen otro sentido que el de imitar el ruido del vapor de la ebulli­ción que pasa a través de los agujeros del recipiente y de los grumos de sémola.»
El alcuzcuz es el plato nacional de los tres países del Mogreb (Argelia, Marruecos y Tunicia). Es servido como segundo plato, después del mechui en Argelia y de los tajines en Marruecos. Se come modelan­do con los dedos pequeñas bolitas de «grano», que se meten en seguida en la boca. Aunque, en los tres países, los ele­mentos básicos son los mismos -sémola y caldo (o morga). Los ingredientes varían, en Argelia el alcuzcuz va acompaña­do de garbanzos, de habas, de una gran cantidad de legumbres y hortalizas (alca­chofas, calabacines, patatas, berenjenas. cardos, hinojo, guisantes) y, algunas ve­ces, carne.
El mesfuf, alcuzcuz preparado con habas frescas y uvas pasas, está re­servado para las comidas del alba en el mes del Ramadán; se come bebiendo suero de leche (eben) o con leche cuaja­da (raib).
El alcuzcuz sahariano es servido sin legumbres ni caldo.En Tunicia, el alcuzcuz puede hacerse con conejo, con perdigones (perdices jovenes) o con carnero. Allí, los gar­banzos son de rigor, la fórmula más original es la del alcuzcuz de pescado (besugo o mero), pero también existe un alcuzcuz en el que la carne, el pescado y las legumbres son remplazados por uvas pasas, almendras, pistachos, dátiles y nue­ces; el conjunto es servido con leche fres­ca y azucarada.
En Marruecos, finalmen­te, el alcuzcuz suele ir acompañado de carnero o de pollo y, por lo general, es servido con dos caldos: uno para remo­jar la sémola, y otro, sazonado con guindi­lla roja, para darle gusto. Los numerosos ingredientes (nabos, calabacines, uvas pa­sas, garbanzos, cebollas) son sometidos a una cocción muy prolongada, que los reduce a una especie de confitado.
Otra receta marroquí: el alcuzcuz con azúcar y canela.Cualesquiera que sean las interpreta­ciones que cada país da a este plato, la preparación del alcuzcuz se basa en dos constantes, sin las cuales pierde su auten­ticidad: por un lado, la calidad de los granos, que radica esencialmente en el arte de amasar con la mano y de cocer la sémola, y por otro lado (el alcuzcuz salado es el más extendido), el sabor de la carne, que se debe en gran parte a las legumbres y a las especias reunidas en el caldo.
Una forma de oficiar el alcuzcuz en el siglo XII/XIII era el que se hacía con un cordero entero, que se le quitaba la piel y se abría el vientre. Una vez limpio se rellenaba con una mezcla de alcuzcuz envuelto con manteca, moscada, canela y nardo, junto a otras especias. Se volvía a coser el cordero y se asaba en el horno.
El Alcuzcuz se servia en una fuente, colocando la carne cortada en pedazos sobre el mismo y lo consumían espolvoreado con canela.
Otra receta de la época se oficiaba con la carne y legumbres cocinadas, añadiendo la sémola y una vez bien empapada y espesa; lo servían, en la fuente primero colocaban la sémola y sobre ella la carne espolvoreada de canela, alrededor de la sémola ponían las verdura, el caldo lo servían en cuencos para mojar la sémola a gusto del comensal.

ALCUZCUCERO
Recipiente de aluminio o de acero ino­xidable constituido por dos partes que se ajustan entre sí. La parte inferior es una marmita casi siempre abombada y provis­ta de asas; en ella se vierte el caldo de legumbres, de carne o simplemente agua. La parte superior, llamada keskés, cuyo fondo está horadado con pequeños agu­jeros, recibe la sémola o los alimentos que deben cocer al vapor. El alcuzcucero se cierra con una tapa también llena de agujeros, para la evacuación del vapor. Se utiliza también para las cocciones al vapor. En otros tiempos, en África del norte, el alcuzcucero era una sencilla vasija de arcilla llena de agujeros, o de esparto trenzado, en la cual se ponía la sémola. Se colocaba sobre una marmita normal, llena de agua o de caldo.

Fuente, Apicius

miércoles, 13 de junio de 2012

Tournedos o Solomillo Rossini

Tournedos Rossini 
Platos célebres de la Historia (IV) 

El compositor de " El barbero de Sevilla " fue un apasionado de la música y de la gastronomía. Al lamentar en cierta ocasión no haber sido charcutero, varios amigos le señalaron que podía haberlo sido. "Me hubiera encantado" - remató Rossini-, "pero estuve mal dirigido".


Gioachino Rossini encarna y representa la historia de la ópera en Italia y Francia durante un largo período del siglo XIX. Rossini nació en Pesaro, Italia, el 29 de febrero de 1792 y murió en Passy, Francia, el 13 de noviembre de 1868. Aquel día era viernes. Tanto el día de su nacimiento como el de su muerte tienen cierta singularidad. El 29 de febrero no es una fecha habitual y un viernes y trece equivale en Europa a nuestro martes y trece. Su vida entera estuvo ligada al teatro y diríase que la inició y la cerró con dos golpes de efecto.

Su plena dedicación a la música y al escenario dio como resultado una extensa producción operística, en la que sobresalen "El barbero de Sevilla" y "Guillermo Tell". Uno de sus méritos fue situar a la orquesta y al cantante en el lugar que le correspondía, así como la originalidad del ritmo.

Pero con él no sólo nació el bel canto, sino también el tournedos. Fue un epicúreo nato que gozó de la mesa y del amor. De él se cuenta que sólo lloró tres veces en su vida: la primera cuando el público le silbó tras el estreno de "El barbero de Sevilla", la segunda cuando oyó cantar a Carafa y la tercera cuando se le cayó al agua un pavo trufado, mientras paseaba en una barca. Cierto día una dama parisina, acaudalada y mezquina a un tiempo, le invitó a comer a su casa. La comida fue escasa y mediocre, no quedando satisfecho el compositor. En el momento de la despedida, la señora le agradeció haber aceptado la invitación con estas palabras: "Me encantaría que antes de que usted abandonase París comiera otra vez conmigo""Con mucho gusto, ahora mismo", le replicó Rossini.

Tenía un semblante noble y atractivo. Su mirada era sutil y penetrante. La sonrisa, incisiva y amable. Las manos bien formadas. Todo su aspecto desprendía virilidad y hermosura. Su admiración por la diva Isabella Colbranterminó en matrimonio. Viajó por toda Europa y cuando visitó a Beethoven en Viena, quedó impresionado por la lamentable situación económica en que se encontraba. Muerta Isabella Colbran en 1845, Rossini se casó con Olympe Pélisser, instalándose definitivamente en París. Tanto en su casa de la capital francesa como en la de Passy, organizaba espléndidas cenas a las que solía asistir la flor y nata de la música y la literatura de la época. En ellas, brillaba la causticidad de su humor, su agudeza de ingenio y un perfecto savoir faire y, sobre todo, vivreRichard Wagner en su ensayo "Eine Erinnerung an Rossini" (Recuerdo de Rossini) evoca con detalle la seductora impresión que le causó, cuando le visitó en 1860.

Fue un apasionado de la música y de la gastronomía. Al lamentar en cierta ocasión no haber sido charcutero, varios amigos le señalaron que podía haberlo sido. "Me hubiera encantado, pero estuve mal dirigido", remató Rossini. Se gastó una fortuna en su intento de poner a punto una máquina de hacer macarrones.

A él se debe la popularidad de la cocina italiana en Europa. Solía decir que para que los macarrones resultaran apetitosos era necesario una buena pasta, excelente mantequilla, salsa de tomate y un buen parmesano. Y, por supuesto, una persona inteligente que supiera cocer, aderezar y servir. Sentía auténtica pasión por los macarrones (de los que puedes encontrar 17 recetas diferentes en nuestra sección de cocina). Pierre Lacam, pastelero del príncipe Carlos III de Mónaco, nos refiere la singular manera en que Rossini preparaba sus macarrones. A saber, una vez cocidos, les inyectaba foie gras con una jeringa y volvía a pasarlos por el fuego con mantequilla, queso parmesano y gruyére. Su nombre está asociado al foie gras y a las trufas. Por si eso fuera poco, Rossinifigura también en el libro de honor de la gastronomía por el tournedos que lleva su nombre.

El tournedos se obtiene de la parte lateral del solomillo. Su forma es redonda, su grosor no supera los cuatro centímetros y pesa entre 100 y 125 gramos. Suele figurar en las cartas de muchos restaurantes bajo el nombre de medallón, del francés médaillon.

El tournedos Rossini hizo su aparición en el Café Anglais parisino. Allí oficiaba como jefe de cocina Adolfo Dugléré, a quien Rossini llamaba el "Mozart de la cocina". Cierta noche cenaba allí el compositor y sugirió al maitre que cortara y preparara su sempiterno steak de otra manera, rogándole que lo hiciera en el comedor, delante de él, para así observar directamente el desarrollo de la operación. Como el cocinero alegó que le sería muy violento trabajar delante de todos los invitados, Rossini le replicó: "Eh bien, faites-le tourné de l'autre coté, tournez-moi le dos!". (Traducción literal: Pues bien, hágalo vuelto del otro lado, vuélvame la espalda). Es decir, le indicó que preparara el plato en el comedor, aunque fuera de espaldas a los clientes. Tourner les dos significa volver o dar la espalda.

La misma anécdota se cuenta del doctor Veron, contemporáneo de Rossini, director de la Ópera y gran gastrónomo, más, a pesar de las muchas maneras de preparar este plato, no se conoce el tournedos Veron.

Los autores del "Dictionnaire historique de la langue francaise" dudan de que esta historia sea el origen de la palabra tournedos. No obstante, así aparece registrada en diccionarios tan serios como el de "Littré" o el "Robert". Incluso los lexicógrafos del "Oxford English Dictionary" la recogen sin dudar de su procedencia. Y es cierto que, si bien la palabra ya existía en el siglo XVIII para referirse a una especial manera de "exponer" el pescado en las pescaderías,exposer á tournedos, su uso como término para designar un determinado trozo de carne entró en vigor en la década de los sesenta del siglo XIX.

En la "Éducation sentimentale" de Flaubert, la Mariscala "se decide por un tournedos" y en "Los Thibault" de Martin du Gard "Antoine miraba pensativamente cómo Rumelles mordía su tournedos".

TOURNEDOS ROSSINI

Ingredientes (4 personas):
4 Tournedos de 3 cm. de grosor.
200 gramos de foie gras.
2 trufas.
4 rebanadas de pan.
100 gramos de mantequilla.
1/2 vaso de madeira.
Sal y pimienta.

Cortar las rebanadas de pan del mismo tamaño que los tournedos y dorarlas por ambos lados con un poco de mantequilla. Reservar al calor. Después, cortar cuatro filetes pequeños de foie, algo menores que los tournedos. En una sartén, saltear con mantequilla los tournedos, dejarlos un minuto por ambos lados, salpimentar y colocarlos sobre las rebanadas de pan. Reservar al calor.
En la misma sartén, muy caliente, saltear rápidamente (15 segundos por cada lado) los filetes de foie. Tras salpimentar debemos colocarlos encima de lostournedos.
Cortar 12 láminas de trufa y colocar tres de ellas encima de cada tournedos.
Verter el madeira en la sartén, desglasar el jugo de los tournedos, dejar reducirla salsa unos minutos, añadir el resto de las trufas picadas y servir con lostournedos.

 

jueves, 31 de mayo de 2012

Petrus


Grandes Vinos 
CON MOTIVO DE UNA CATA VERTICAL
Así es Petrus, el mito de Burdeos
El Mundo.
Una inhabitual cata vertical de siete añadas de Petrus -si se fijan, la palabra 'Château' no aparece ni ha aparecido nunca en la etiqueta-, recién celebrada en Madrid, nos sirve de 'percha' para presentar el que quizá sea el vino más mítico de Burdeos, a medio camino entre lo real y lo imaginario: forma una santísima trinidad vinícola junto a la Romanée-Conti y al Château d'Yquem. Hablar de Petrus es hablar de algo más que vino: especulación, exclusividad, grandeza. Pocos son lo que no han oído hablar de este vino bordelés enraizado en la denominación Pomerol a escaso medio kilómetro de Saint-Émilion.
El viñedo en Burdeos está dividido por dos ríos en forma de Y. La rama de la derecha es el Dordoña, y la izquierda el Garona. La zona a la izquierda de esta Y es la zona "clásica", la que se clasificó ya en 1855, y donde están los grandes 'châteaux' pertenecientes a la nobleza: Graves y Médoc. La zona a la derecha, el Libournais, es menos antigua y más plebeya, dominada por Saint-Emilion y Pomerol: tan plebeya que ni siquiera era considerada a la hora de las clasificaciones del viñedo. El área entre los palos de la Y se llama "Entre dos mares" (a nosotros se nos antoja que "Entre dos ríos" sería más adecuado, pero...).


Pomerol, en la orilla derecha, desmitifica los vinos de ladera: plano como una tabla, produce algunos de los mejores vinos mundiales. Y en el centro de la llanura, una bolsa de arcilla (de color azulado, para más pistas) entre la grava, que forma la viña de Petrus, dura y densa arcilla, que actúa como esponja regulando la humedad en plantas y suelo, y un subsuelo con gravas y arcilla rico en hierro, y que le da ese carácter excepcional, ya que el clima es exactamente igual que el de sus vecinos (tampoco mancos, la verdad: L'Evangile y Cheval Blanc entre otros).


La historia de la finca 


Propiedad de la familia Arnaud en el siglo XIX, en 1925 Madame Loubat, esposa del propietario del Hotel Loubat en Libourne, comienza a comprar acciones de la Sociedad Civil de Château Petrus hasta convertirse en su propietaria en 1949. Jean-Pierre Moueix, negociante de vinos, se hizo con la exclusiva del vino, y poco a poco fue haciéndose con el control al heredar un tercio de la propiedad al morir Madame Loubat, y posteriormente comprar su parte a una de las dos herederas de esta.


El éxito se debe a la gestión de la familia de 'négociants' Moeuix. En la actualidad dirige el 'château' el hijo de Jean-Pierre, Christian. Tienen otras notables propiedades en Burdeos, como Ch. La Fleur-Petrus, Ch. Latour-à-Pomerol, Ch. Trotanoy, Ch. Magdelaine... y en California el discutido Dominus, el más bordelés de los vinos californianos, y que está también en la cima de reconocimiento, precio y calidad del valle de Napa.


Pocos verdaderos castillos o palacetes ('châteaux', en francés) hay en realidad en esta margen derecha, aunque la mayoría lo incorporen a sus nombre. Petrus es un edificio con más pinta de granero que de castillo, pero en esa insulsa propiedad se producen algunos de los vinos más concentrados, potentes y tánicos aunque a la vez sedosos, del mundo.


El viñedo 


La vida y obra de los grandes châteaux bordeleses es tan bien conocida como la vida de los famosos, y se puede encontrar hasta el más mínimo detalle de la historia y los métodos de producción de estos en todos los libros referentes al tema. En el caso de Petrus, 11,5 hectáreas plantadas en un 95% de merlot, y el resto cabernet franc. El cabernet franc raramente llega a madurar perfectamente, algo imprescindible para poder llegar al gran vino, con lo que generalmente se queda fuera del ensamblaje final.


En el siglo XIX la extensión de la propiedad, que por aquellos años pertenecía a la familia Arnauld, se reducía a 6,5 ha plantadas al 70% de merlot y al 30% de Cabernet Franc. Hasta 1969 no alcanza su actual tamaño, con la adquisición de 5 ha del Château Gazin que son replantadas con merlot hasta conseguir la composición que hoy conocemos.


Los rendimientos que establece Christian Moueix son de unos ocho racimos por cepa, ya que si los rendimientos son menores el vino puede resultar demasiado tánico. Las cepas tienen una edad media de 45 años, son inusualmente viejas para el Pomerol, y se replantan cepa por cepa sólo después de que alcancen los 70 años de edad.


La vendimia se empieza siempre después de mediodía para evitar la humedad de la mañana (al contrario que en buena parte de España, donde es conveniente vendimiar lo más temprano posible por la mañana, para evitar los calores de la tarde). Además del pago excepcional y único en el mundo mencionado arriba, el cuidado meticuloso de la viña, bajos rendimientos, y una salvaje poda en verde (fueron de hecho los que comenzaron, en 1971, esta práctica ahora bastante común) e incluso algunos métodos extremos, como usar helicópteros para generar corrientes de aire que sequen las uvas, estufas colocadas en el viñedo para evitar las heladas, o alfombrar la viña con plástico para evitar las lluvias en época de vendimia, como hicieron en el difícil año 1992 (justamente la misma práctica que le ha llevado a la descalificación de parte de su codiciado Valandraud a Jean-Luc Thunevin...) son los que proporcionan esa uva tan especial.




La famosa y severa vendimia verde de Petrus: racimos que valen una fortuna, al suelo. 

El vino 


Los métodos de producción no podían ser más sencillos, algo que nos encontramos invariablemente cada vez que hablamos de grandes vinos: no hay grandes secretos, y se hacen de la forma más sencilla. El secreto está en la materia prima, el terreno, el clima y los rendimientos. Las densidades de plantación no son muy altas para Burdeos: unas 5.000 a 6.000 cepas por hectárea. Petrus se hace en depósitos de cemento, el vino de prensa se añade inmediatamente al vino, y se cría este unos 20 meses en barricas de roble nuevo, trasegándose cada tres meses. (Atención bodegueros: no seguir esta fórmula, especialmente en lo referente al roble, a no ser que se tengan unos rendimientos de 35-45 hl/ha. El buen vino no lo hace mucho roble nuevo). Se producen unas 40.000 botellas anuales, aunque las variaciones por la añada son notables, llegándose a producir tan sólo 15.000 debido a una estricta selección en las añadas más difíciles.


Los precios de salida de la bodega han sido en el último año de unas 20.000 pesetas (tomen nota algunas bodegas españolas: pretenden vender sus vinos más caros que Petrus). Inmediatamente se comercializan a través de 'négociants' con precios impuestos por la bodega y la ley de la oferta (pequeña) y la demanda (grande) hace que los precios se disparen hasta convertirlo en el vino más caro del mundo. Raro es encontrar hoy una botella por menos de 100.000 pesetas, incluso de añadas difíciles, llegando a las 200.000 en las buenas, y a cifras obscenas en las míticas (1945, 1947, 1961, 1982, 1989, 1990 y 1995).


Se acepta hoy que, después de excepcionales vinos que le encumbraron tras la II Guerra Mundial, principalmente 1945 y 1947, Petrus produjo vinos de calidad irregular en los años 70 y 80, para volver a la cumbre a partir de la mítica añada de 1989. En general alabados por toda la crítica, desde Robert Parker a Clive Coates, pasando por Jancis Robinson, Michael Broadbent y Tom Stevenson, se encuentran sólo desmitificados por la dura pareja Michel Bettane y Thierry Desseauve, que le califican con tan sólo dos estrellas (de un máximo de tres) en sus polémicas guías anuales "Le classement des vins et domaines de France".


El prestigioso enólogo Jean-Claude Berrouet, de origen vasco (hace unas estrafalarias declaraciones diciendo que el mejor vino español es el txacolí...), alumno del afamado Emile Peynaud, es el encargado de la vinificación de la uva que traen un equipo de 180 vendimiadores, que pueden recoger toda la fruta de Petrus en cuestión de horas.


Como todos los grandes vinos, Petrus es un vino que pasa por periodos en los que está más cerrado y resulta difícil de juzgar. Ha sido descrito como un vino de increíble potencia, profundidad y riqueza, aunque posee un exquisito balance que facilita su longevidad. Igualmente es famoso por su textura aterciopelada.


Cata vertical 


No es un vino de los que se prueben todos los días, y mucho menos normal es tener la oportunidad de catar siete añadas diferentes. Gracias a la generosidad de unos buenos amigos, se reunió en Madrid un grupo de buenos aficionados, enólogos y periodistas especializados para catar vinos de la bodega, desde 1987 a 1997. Se cataron las añadas 87, 89, 92, 94, 95, 96 y 97. A ciegas, y con el añadido de dos californianos de los más bordeleses, Dominus 96 (también de Moueix) y Opus One 95 (de los Rothschild y Mondavi), fue un ejercicio sumamente interesante.


Como suele suceder, la cata ciega proporciona algunas sorpresas, al eliminar la sugestión de conocer la añada o la etiqueta de lo que se está catando. En general podemos decir que los vinos tienen un carácter poco expresivo inicialmente, que necesitan varias horas de decantación, mostrando en la nariz notas especiadas, de clavo y canela, en la boca un gran cuerpo (algunos años, como el 95, con una carga tánica brutal) y unos característicos anisados. El vino, como es lógico, cambia en la copa a cada momento, y una característica que nos pareció era como que el vino "iba y venía", se abría y se cerraba, se volvía a abrir, pero mostrándose de forma diferente... vinos por momentos esquivos pero de precisa definición en la boca con opulencia de fruta roja y tanino de seda.


Interesante fue también la comprobación de que los vinos de Petrus no precisan una larga guarda en botella para desenvolverse suntuosos y pletóricos en su juventud; la mayor parte de los catadores alabó esta accesibilidad de los vinos y su indudable armonía.


Como resumen podemos decir que llamó la atención que algunas de las añadas "menores", quedaron muy bien situadas: excelente el 97 (¡mejor que el 96!), el 94 (casi, casi al nivel del 95). Más flojo fue el 92, aunque varios catadores apreciaron su armonía y accesibilidad, y más aún el 87, reflejando la dificultad de una añada en la que la maduración de las uvas fue menos que perfecta... Las estrellas, el 89, ya desarrollado y mostrando lo que tiene que dar (que es mucho), y el 95, bastante cerrado y evolucionando muy lentamente en la copa, el que más tiempo tarda en despejar los olores de reducción, y en ir abriéndose, señal de que su vida en botella será larga.


Lo peor, la decepción en las cosechas del 87 y el 96. De la primera añada no se esperaba sino que el vino "cumpliera", y lo hizo a medias, porque si bien al principio este 87 mostraba una interesante nariz con notas trufadas y cierta gracia en la boca, en unos minutos apareció un ligero verdor y un punzante carácter herbáceo que descompensaba la estructura del vino. Del Petrus 96 -sólo 1.800 cajas comercializadas- se esperaba bastante más si nos atenemos a un año que fue considerado como bueno y en el que pese a llover bastante en julio y agosto, la estabilidad atmosférica de las primeras semanas de septiembre salvó la vendimia. Los 93 puntos otorgados por Parker a este 96 son sin duda excesivos y los calificativos de "denso, tánico y largo", no se atienen a lo percibido: un vino sencillo al que le falta amplitud y estructura, con una acidez bastante marcada y escasamente arropada de taninos maduros.


Es desconcertante que el Petrus 97, una añada decepcionante en calidad con precios absurdamente caros y un tiempo muy variable y loco que en nada ayudó a la completa madurez de las uvas, diese un buen rapapolvo al 96, desplegando más fruta, más carácter mineral, más finura y más hechuras de vino. Un buen Petrus, muy por encima de la añada


El teóricamente más flojo Petrus que se iba a catar, el 92, sorprendió. En esta añada, un verano húmedo y lluvioso con apenas calor arruinó una de las cosechas más desastrosas de la historia de Burdeos, con abundancia de vinos diluidos. En Petrus elaboraron algo menos de 36.000 botellas y la verdad que el vino cumple con mucha dignidad; está para tomar ya y tiene unas encantadoras y elegantes notas animales en nariz, que se completan con una boca sabrosa y un tanino maduro y pulido. No obstante, saber que una botella cuesta alrededor de las 100.000 pesetas apaciguó el entusiasmo de algunos catadores.


Los tres grandes 


Dejamos para el final las tres añadas estelares: 89, 94, 95, consideradas y coronadas de común acuerdo como las mejores, sólo con ligeras discrepancias con respecto al orden. El primero es un clásico y compendia la quintaesencia de Petrus: una nariz profundísima que se abre de manera paulatina a multitud de registros: ciruelas, regaliz, chocolate, especias y un nítido fondo mineral, con taninos aterciopelados, exquisita madurez de fruta y una densa, concentrada y delicada textura en la boca..


Un 100 sobre 100 según el 'Wine Spectator', y un vino del que el propio Christian Moueix ha dicho que es su logro más relevante desde que comenzó a vinificar a primeros de los 70. Las condiciones meteorológicas en la vendimia del 89 fueron casi perfectas, con un verano cálido y seco, una vendimia temprana y abundante, y vinos ricos, concentrados y equilibrados.


Sin discutir la indudable clase de este 89, sí que habría que poner en entredicho algunos comentarios de la crítica internacional, que afirman que se trata de un Petrus al que habría que esperar 10 años o, como 'Decanter' dixit: "Tendrá décadas de vida por delante". La sensualidad de este vino lo hace placentero y disfrutable ya mismo, sin que uno sienta el más mínimo escrúpulo de pedofilia vinícola. Y además ¿quién garantiza por escrito que en 10, 20 años el vino estará mejor? Desde luego, de poseer una caja -¡qué ingenuidad!- no habría que dudar en ir bebiéndolo.


Entre el Petrus 94 y el 95 se generó una polémica que, de haber sido la cata descubierta, se hubiera decantado hacia el segundo con seguridad. Muy parejos estuvieron ambos vinos y aunque el 94 se mostraba envolvente, frutoso y más expresivo, parece que la opulencia, potente tanicidad, solidez y seriedad del 95 le asegura una vida más larga. Pero, ¿quién sabe? A ciencia cierta lo único claro es que ambos estaban tremendos. El 94 con fruta roja en cantidad, frescos taninos, notas anisadas, y una voluptuosa juventud que lo hacen versátil y muy atractivo tanto para beber como para guardar.


El 95, compacto, graso, tánico, muy completo, y eterno en la boca es otro cotizadísimo Petrus, encumbrado por Parker (96+) y el 'Wine Spectator' (98), que no decepcionó en absoluto, aunque como en el caso del 89 tampoco creemos que haya que esperar decenios a que el vino se afine. La añada del 95 en Pomerol se puede calificar como muy buena, con una gran madurez en las uvas y vinos de gran profundidad y extracto, pero de calidad variable y desigual según los productores. El parón de las lluvias, que por quinto año consecutivo asoló Burdeos, y el buen tiempo a partir del equinoccio permitió una vendimia tranquila.


Los californianos, por sus tonos balsámicos de eucalipto, y su carácter más moderno ('Cherry Coke'), y bastante más evolucionados, fueron reconocidos casi unánimemente. Claro, que puestos al lado de otros californianos, hubieran parecido casi franceses. ¡Ah, las cosas de la cata ciega comparativa!...

martes, 29 de mayo de 2012

Custodio Zamarra


HUMILDAD, AMABILIDAD, DISCRECIÓN, PSICOLOGÍA
Custodio Zamarra, lección de sumiller

EFE
Humildad, amabilidad, discreción y psicología son los cuatro mandamientos del perfecto sumiller y la lección que enseña a sus alumnos el maestro Custodio Zamarra, un "camarero experto en vinos" que lleva la hostelería en su ADN desde que nació en la taberna de sus abuelos en Villatobas (Toledo). "La amabilidad y la discreción son claves de cara al público; la humildad es imprescindible porque el protagonista debe ser siempre el cliente, nunca nosotros; y la psicología es muy útil para detectar si nos demanda un vino de 15 euros o de 100", argumenta Zamarra en una entrevista con Efe.
A pesar de que ya hay toda una nueva generación de sumilleres en España formados en la Cámara de Comercio de Madrid bajo su experimentada batuta, Zamarra rehúsa hablar de sí mismo como maestro y se declara "eterno aprendiz" de vinos, un mundo "lleno de magia" que exige un continuo aprendizaje a través de libros, catas y viajes alrededor del globo para catar.

"No soy maestro. Soy socrático, aprendiz de todo. Me dedico a la docencia por edad, porque me gusta inculcar a los jóvenes mi experiencia de toda una vida vinculado al vino", subraya.

Aunque sea anecdótico, Zamarra cuenta que el mismo día de su nacimiento, la fuente principal de su pueblo se inauguró con vino, "una feliz coincidencia" que marcó su vinculación con la enología y que tuvo su punto de inflexión en 1973, cuando José María Oyarbide le fichó para el restaurante madrileño Zalacaín.

Para Zamarra, que cata a diario y al cabo del año prueba unas 5.000 referencias, "un buen vino es sencillamente aquel que da placer", aunque para incluirlo en la carta de Zalacaín este sumiller busca "elegancia, finura, equilibrio y tipicidad de zona".

Es incapaz de decidir cuál es el mejor vino que ha probado, pero sí confiesa que guarda un recuerdo muy especial de un Vega Sicilia del año 70, que salió al mercado el 18 de marzo de 1995, el día de la boda de la Infanta Elena en Sevilla, y que los Reyes tuvieron la oportunidad de probar en primicia la noche anterior en el hotel Alfonso XII de la ciudad hispalense.

"Esa misma noche estaba cenando en Zalacaín el dueño de Bodegas Vega Sicilia, don Pablo Álvarez, y abrimos también una botella de ese vino espléndido", relata.

Además de Vega Sicilia -una bodega a la que profesa "gran cariño" y que se ha convertido en "estandarte" de la viticultura española-, Zamarra cita CVNE, López de Heredia, Alejandro Fernández, Marqués de Griñón y Álvaro Palacios como los grandes artífices del "boom" de vino español y que, tras más de un siglo de historia, "siguen marcando generaciones".

Para los menos duchos en los entresijos del vino, Zamarra recomienda los riojas como la apuesta segura, unos vinos con unas características de "finura, elegancia y suavidad por su crianza en madera que lo hacen inconfundible".

"Reconozco que también siento una especial debilidad por los vinos de Jerez, que para mí está entre las zonas vitivinícolas más importantes del mundo", destaca.

Si tiene que elegir un tipo de uva, sin dudar se decanta por el tempranillo, "variedad reina que da unos vinos muy complejos y elegantes en toda España", aunque la garnacha también se abre hueco en su exigente paladar gracias a unos caldos "potentes, carnosos y de mucha personalidad".

Para este amante del vino que asegura no haberse emborrachado en la vida, el vino es mucho más que una bebida: "Es cultura, es naturaleza, es algo universal que nos acompaña en todas las celebraciones claves de nuestra vida".

Nadie celebra un nacimiento, un amor o una amistad con un refresco, sentencia.